La oropéndola nos visita en verano

Paseando por las sombras de los bosques de la riberas de los ríos, podemos escuchar, ahora en verano, un canto aflautado del que no es fácil que descubramos al autor, porque se tratará de la Oropéndola, de un precioso y espectacular colorido, amarillo y negro.

Vienen a España, procedentes del África Subsahariana, especialmente Camerún y la República Centroafricana, a finales de abril y comienzos de mayo. Primero, los machos, a preparar el territorio y expulsar cualquier intruso, y unos días más tarde, las hembras, que son de un color verdoso algo más apagado. Ella construyen los nidos en las copas más altas y densas, usando todo tipo de materiales, desde vegetales hasta restos de plástico y cuerdas. No sólo se asientan en las riberas, también en otros tipos de bosques caducifolios  (roble, haya…) incluso choperas y parques grandes.

La hembra incuba los huevos, suelen ser de 3 a 5,  y ambos padres colaboran en la alimentación de los pollitos. Las oropéndolas se alimentan de frutos silvestres, y también de pequeños insectos. Tienen que ponerse fuertes porque, a finales de agosto o septiembre, inician el viaje de regreso a tierras africanas, preferentemente por la noche y generalmente en solitario.

(Información y fotografía, extraída del artículo publicado en Heraldo de Aragón por el biólogo Rodrigo Pérez Grijalvo).

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